¿Por qué quieres tomar la Ayahuasca?

Hacía tiempo que iba buscando el por qué de las cosas que me pasan, tanto buenas como malas. Siempre me ha costado entender qué razones había para que me sucedieran tantas penalidades a lo largo de mi vida, por decirlo de alguna manera, desde que nací. Tuve mis primeros contactos con la marihuana y fue donde advertí, tímidamente, que el pensamiento y la forma de ver las cosas si eran posibles cambiarlas. Con el paso de los años y ya trabajando, pues vinieron otro tipo de problemas donde la marihuana no podía ya ayudarme porque ya esos problemas eran de más envergadura y, la paz y tranquilidad que años atrás me daba para esos pequeños problemas de estudiante, ahora sólo era momentáneo y, después de la calma me venía la frustración de ver de nuevo la realidad como era. Siendo un fiel creyente del poder de las plantas vino la posibilidad de tomar hongos enteógenos La experiencia fue muy grata y más esclarecedora que con la marihuana. Todavía me abrió más la mente y la conciencia a la hora de encontrar respuestas a mis problemas. Lo único que no tenía posibilidad de adquirirlos como la marihuana. Seguí investigando por mi cuenta todo lo relacionado con las plantas de este tipo porque siempre ha habido tradición de curar con plantas en mi familia.

Fue así como llegué a la ayahuasca; fue así como encontré a Joel Jahuanchi y al Grupo Wanamey. Yo seguía necesitando obtener muchas respuestas de lo que me continuaba pasando en esta vida y que poco a poco se iba acumulando sin encontrar el por qué. En un principio pensé que el ritual sería más o menos como había tenido la oportunidad de ver en algunos documentales o, como había podido ser testigo de apreciar en un rito afrocubano en Cuba. No fue nada por el estilo; ya las primeras preguntas de Joel por teléfono me dejaron un poco pensativo. No entendía porqué había que rellenar el cuestionario. Estaba un poco desubicado para lo que yo creía que podía ser. Cuando llegué a Cusco y tuve el primer contacto con Joel, también me sorprendió el “interrogatorio” en el hotel y el hacer tanto hincapié en “¿por qué quieres tomar la ayahuasca?”. Le comenté mis experiencias de marihuana y hongos y me dijo “…te vas a reír de eso cuando comiences el ritual…”

Ya sobre el terreno, y después de más preguntas, la correspondiente purga del cuerpo (desagradable e intimidatoria, pero efectiva) y la preparación física, mental y espiritual, comenzaron las sesiones.

La primera, y quizás por el lugar y por cómo fue el ritual, un poco distraído; nunca nervioso, pero no lograba concentrarme más allá de los colores que veía. El otro compañero, más joven que yo me distrajo con sus movimientos y eso hizo que, ni el uno ni el otro, pidiéramos llevar a cabo dicha sesión. Joel con gran seriedad y, pienso yo, que algo enfadado, nos mando a dormir. El cuerpo estaba extraño; no vomité y me quedé en la visión de colores y nada más. Una sensación extraña como de confusión. A la mañana siguiente Joel me reprendió mi despiste en la sesión y me volvió a preguntar si de verdad estaba convencido de tomar la ayahuasca; le dije que sí. Segunda sesión: Tomé de nuevo la ayahuasca y volvieron los colores, pero no lograba centrarme. Joel me llamo a su sitio y sentado delante de él a oscuras, me preguntó con seriedad si realmente creía en algo. Le dije que no, que solo en el amor y entonces me juntó las manos me sopló humo de tabaco en el hueco entre ambas y me pulverizó por la cara con agua florida. Me fui de nuevo a la colchoneta y a partir de ese momento y hasta la mañana del día siguiente, fue un viaje trepidante donde, al principio tuve visiones muy tenebrosas y luego, después de esos momentos de cierto temor, paso por mi mente gran parte de de los momentos de mi vida desde la infancia. Joel me animaba a que le preguntara a la madre ayahuasca y me diera sabiduría. Intenté hacerlo lo mejor que pude y encontré respuestas aunque estaba un poco aturdido del viaje. A la madrugada y con el sol saliendo, me levanté como en una nube, salí de la cabaña y me puse a andar, descalzo y medio desnudo, por la hierba bajo una lluvia que agradecí y en compañía de los animales que por ahí rondaban. Sentía por primera vez en mi vida que vibraba al unísono con la naturaleza y era tal la felicidad que tenía, que sentía mi cuerpo fluir en total plenitud. Fue muy duro físicamente pero fructífero. La conversación por la mañana con Joel calmada y alentadora.

Tercera sesión: No me costó iniciar el viaje con la Ayahuasca, pero esta vez fue más calmado y con preguntas por mí parte a la ayahuasca que eran respondidas con visiones y sentimientos.

Terminaron las sesiones y me quedé como en una nube, que duró muchas semanas. Ha sido con el paso del tiempo, cuando he sabido apreciar lo que allí me sucedió. Veo las cosas de otra manera, pero no quiero decir que con esto se hayan solucionado todos mis problemas. Simplemente con la ayahuasca, se me han abierto otras puertas que no sabía como hacerlo, y me están ayudando a continuar el camino por esta vida. Creo que fue tal la cantidad de sentimientos, sensaciones y mensajes que tuve en las sesiones, que a día de hoy pienso que todavía me falta bastante camino para saberlos interpretar correctamente. Es por ello que si tengo ocasión, volveré a visitar Wanamey Centro de Crecimiento Espiritual para nuevas sesiones pero esta vez con la mente más abierta y predispuesta a aprender todo lo que la ayahuasca nos puede enseñar.

Te mando un fuerte abrazo para ti y al Grupo Wanamey.

Jesús Ezquerro – email: [email protected]

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