Entrevista a Carlos Castaneda

Pregunta: Durante años usted permaneció en el más absoluto anonimato. ¿Qué le ha impulsado a dejar esa condición para dedicarse hoy a difundir públicamente las enseñanzas que, junto a sus compañeras actuales, recibió del nagual Juan Matus?

Respuesta: Lo que nos obliga a difundir las ideas de don Juan Matus es la necesidad impostergable de aclarar lo que él nos enseñó. Yo y sus otras tres estudiantes hemos llegado a la unánime conclusión de que el mundo que nos presentó don Juan Matus está al alcance de los medios perceptivos de todos los seres humanos. Argüimos entre nosotros cuál sería el camino adecuado.
¿Permanecer en el anonimato como don Juan nos propuso? Esto no encontraba entre nosotros un eco placentero. El otro camino disponible
era el de difundir las ideas de don Juan: un camino inmensamente más peligroso y agotador, pero el único que creemos tiene la dignidad con la que don Juan embebió sus enseñanzas.

P: Considerando que usted ha dicho que los actos de un guerrero son impredecibles, y de hecho así lo hemos comprobado durante tres décadas, ¿podemos esperar que esta etapa pública suya se prolongue en el tiempo? ¿Hasta cuándo?

R: No hay manera de establecer un criterio temporal para nosotros. Vivimos de acuerdo a las premisas propuestas por don Juan y jamás nos apartamos de ellas. Don Juan Matus nos dio el terrible ejemplo de un hombre que vivía como él lo describía. El ejemplo de un hombre monolítico que no tiene dos caras. Y digo que es un ejemplo terrible porque es lo más difícil de emular; ser monolítico y al mismo tiempo tener la flexibilidad para encarar lo que fuera; ésa era la manera de vivir de don Juan.

Dentro de estas premisas lo único que se puede ser es un conducto impecable. Uno no es el jugador de esta partida de ajedrez cósmico, uno es simplemente una ficha de ajedrez. Quien decide todo es una fuerza impersonal consciente que los brujos llaman el Intento o el Espíritu.

P: Según he podido comprobar, la Antropología ortodoxa resta credibilidad a su obra, lo mismo que los pretendidos defensores del patrimonio cultural precolombino de América.
Subsiste la creencia de que su obra es puramente el fruto de su talento
literario, por cierto, excepcional; mientras que otros sectores lo acusan de un doble comportamiento, porque, supuestamente, su estilo de vida y sus actividades son contrarios a lo que la mayoría espera de un chamán. ¿Cómo puede zanjar estas suspicacias?

R: El sistema cognitivo del hombre occidental nos fuerza a movernos a través de ideas preconcebidas. Basamos nuestros juicios en algo que es siempre “a priori”, por ejemplo la idea de “lo ortodoxo”. ¿Qué es la antropología ortodoxa? ¿La que se enseña en el aula? ¿Y, cuál es la conducta de los chamanes? ¿Ponerse plumas en la cabeza y bailar a los espíritus?

Han acusado a Carlos Castaneda durante treinta años de crear un personaje literario, simplemente porque lo que yo les decía no coincidía con el “a priori” antropológico, con las ideas establecidas en el aula o en el campo de acción antropológico. Sin embargo, lo que me presentó don Juan sólo podía caber en un campo de acción total, y bajo tales circunstancias sucede muy poco o casi nada de lo preconcebido.

Nunca he podido llegar a conclusiones acerca del chamanismo, porque para hacer esto se necesita ser un miembro activo del mundo de los chamanes. Es muy fácil para un científico social, digamos por ejemplo un sociólogo, llegar a conclusiones sociológicas acerca de cualquier tema relacionado con el mundo occidental, porque el sociólogo es un miembro activo del mundo occidental. Pero, ¿cómo puede un antropólogo que pasa a lo más dos años estudiando otras culturas, llegar a conclusiones fidedignas acerca de ellas? Para adquirir membresía en un mundo cultural se necesita una vida entera. Yo he estado trabajando más de treinta años en el mundo cognitivo de los chamanes del México antiguo y sinceramente creo que no he llegado aún a adquirir la membresía que me permita llegar a conclusiones, o siquiera proponerlas.

He discutido acerca de esto con personas de diferentes disciplinas y siempre parecen entender y estar de acuerdo con las premisas que estoy
exponiendo. Pero luego se dan vuelta, y se olvidan de todo lo que acordaron y continúan manteniendo los principios académicos “ortodoxos” sin importarles la posibilidad de un error absurdo en sus conclusiones. Nuestro sistema cognitivo parece ser impenetrable.

P: ¿Qué finalidad tiene el hecho de que usted se niegue a ser fotografiado, a
que se grabe su voz o se conozcan sus datos biográficos? ¿Podría algo de esto afectar, y de qué manera, los logros alcanzados en su trabajo espiritual? ¿No cree que sería útil para algunos sinceros buscadores de la verdad conocer quién es usted realmente, como una forma de comprobar que realmente es posible seguir el camino que pregona?

R: En cuanto a fotografías y datos personales, yo y los otros tres discípulos de don Juan Matus seguimos los dictados de éste. La idea principal detrás de abstenerse de dar datos personales es muy simple para un chamán como don Juan. Es imprescindible dejar a un lado lo que él
llamaba la “historia personal”. Alejarse del “yo” resulta algo bastante
engorroso y difícil. Lo que buscan los chamanes como don Juan es un
estado de fluidez donde el “yo” personal no cuenta. El creía que este
hecho afecta indiscutiblemente a quien entra dentro de ese campo de
acción, y afecta de una manera positiva aunque subliminal, ya que
estamos muy acostumbrados a fotografías, grabaciones, datos
biográficos, todos ellos engendrados por la idea de la importancia
personal. Él decía que es mejor no saber nada de un chamán; de ese
modo, en vez de una persona uno se encuentra con una idea sostenible,
lo opuesto a lo que pasa en el mundo cotidiano, donde sólo encontramos
personas con problemas psicológicos y sin ideas, y todos ellos repletos
hasta el tope del “yo, yo, yo”.

P: ¿Cómo deben entender sus seguidores la existencia de todo un mecanismo comercial y publicitario
-al margen de su obra literaria- en torno al conocimiento que usted y
sus compañeras difunden? ¿Qué relación tiene usted realmente con
Cleargreen Incorporated y las otras empresas (Laugan Producciones,
Toltec Artists)? Me refiero a vínculos comerciales.

R: A estas alturas de mi trabajo necesitaba de alguien que pudiera representarme
en la difusión de las ideas de don Juan Matus. Cleargreen es una
corporación que tiene una gran afinidad con nuestro trabajo, lo mismo
que Laugan Productions y Toltec Artists. La idea de difundir las
enseñanzas de don Juan a un mundo moderno como el nuestro implica el
uso de medios comerciales y artísticos que no están al alcance de mis
medios individuales. Como corporaciones afines a las ideas de don Juan,
Cleargreen Incorporated, Laugan Productions y Toltec Artists son
capaces de proporcionarme los medios para difundir lo que quiero
difundir.

El afán de las corporaciones impersonales es siempre el de dominar y transformar todo lo que se les presenta y adoptarlo a
su propia ideología. De no ser por el sincero interés de Cleargreen,
Laugan Productions y Toltec Artists, todo lo que don Juan dijo habría
ya sido transformado en otra cosa.

P: Existe un sinnúmero de personajes que de una u otra manera se han “colgado” de usted para
adquirir notoriedad pública. ¿Qué opinión le merece el accionar de
Víctor Sánchez, quien ha interpretado y reordenado sus enseñanzas para
elaborar una teoría personal? ¿O las afirmaciones de Ken Eagle Feather,
quien asegura que ha sido escogido como discípulo por el mismísimo don
Juan, vuelto a esta dimensión sólo para ello?

R: Efectivamente hay una serie de personas que se titulan a sí mismos estudiantes míos o
del mismo don Juan, a quienes yo nunca he conocido y que puedo asegurar
que don Juan nunca conoció. Don Juan Matus estaba interesado
exclusivamente en la perpetuación de su linaje de chamanes. Él tuvo
cuatro discípulos que perduran hasta el día de hoy. Tuvo otros que
partieron con él. Don Juan no estaba interesado en enseñar su
conocimiento, lo hizo con sus discípulos a fin de que continuaran su
linaje. Sus discípulos, como no pueden continuar el linaje de don Juan,
se han visto obligados a esparcir sus ideas.

El concepto del maestro que enseña su conocimiento es parte de nuestro sistema
cognitivo, pero no es parte del sistema cognitivo de los chamanes del
México antiguo. Para ellos enseñar era un absurdo. Transmitir su
conocimiento a quienes iban a perpetuar la vida del linaje era otro
asunto.

El hecho de que haya una serie de individuos empeñados en usar mi nombre o el de don Juan es simplemente una maniobra fácil
para beneficiarse sin mucho trabajo.

P: Consideremos el significado de la palabra “espiritualidad” como un estado de conciencia
en que los seres humanos son plenamente capaces de controlar las
potencialidades de la especie, logro que se obtiene trascendiendo la
simple condición de animal, por medio de un arduo acondicionamiento
psíquico, moral e intelectual. ¿Está de acuerdo con esta afirmación?
¿Cómo se integra el mundo de don Juan en este contexto?

R: Para don Juan Matus, como un chamán pragmático y lleno de cordura, “la
espiritualidad” era una idealidad vacía, una aseveración sin fundamento
que nos parece muy bella porque está incrustada en conceptos literarios
y expresiones poéticas, pero que nunca pasa de ahí.

Los chamanes como don Juan son esencialmente prácticos. Para ellos sólo
existe un universo predatorio, donde la inteligencia o la conciencia de
ser son el producto de desafíos de vida o muerte. Él se consideraba un
navegante del Infinito y decía que para navegar en lo desconocido, como
lo hace un chamán, uno necesita pragmatismo ilimitado, cordura sin
medida y “agallas de acero”.

En vista de todo esto don Juan creía que “la espiritualidad” es simplemente una descripción de algo
imposible de lograr bajo los patrones del mundo cotidiano, y no es un
modo vivo de actuar.

P: Usted ha señalado que su actividad literaria se debe a las instrucciones de don Juan, lo mismo que la de
Taisha Abelar y Florinda Donner-Grau. ¿Con qué objetivo?

R: El objetivo de escribir los libros fue dado por don Juan. Él aseveraba que
si uno no es escritor, aún puede escribir, pero el escribir se
transforma de una acción literaria en una acción chamanística. Quien
decide el tema y el desarrollo de un libro no es la mente del escritor,
sino una fuerza que los chamanes consideran como la base del universo y
a la que llaman el Intento. Es el Intento quien decide la producción de
un chamán, ya sea literaria o cualquier otra.

De acuerdo con don Juan, un practicante de chamanismo tiene el deber, la obligación de
saturarse con toda la información disponible. El trabajo de un chamán
es el de informarse de una manera plena de todo lo posible relacionado
con el tópico de su interés. El acto chamanístico consiste en abandonar
todo interés de dirigir el curso que tal información tome. “Quien
arregla las ideas que nacen de tal fuente de información no es el
chamán -decía don Juan-, sino el Intento. El chamán es simplemente un
conducto impecable”. El escribir era para don Juan un desafío
chamanístico, no una tarea literaria.

P: Si me permite la siguiente afirmación, su obra plantea conceptos estrechamente
relacionados con las doctrinas filosóficas orientales, pero resulta
contradictoria con lo que se conoce comúnmente de la cultura indígena
mexicana. ¿Dónde se encuentran las similitudes y diferencias entre una
y otra?

R: No tengo la menor idea. No soy erudito ni en lo uno ni en lo otro. Mi trabajo consiste en una información fenomenológica
del mundo cognitivo al que me introdujo don Juan Matus. Desde el punto
de vista de la fenomenología como método filosófico, no es posible
llegar a aseveraciones relacionadas con el fenómeno bajo escrutinio. El
mundo de don Juan Matus es tan vasto, misterioso y contradictorio que
no se presta a un ejercicio de exposición lineal; como mucho, se puede
describir, y esto haciendo un esfuerzo supremo.

P: Asumiendo que las enseñanzas de don Juan han pasado a formar parte de la
literatura ocultista, ¿qué opinión le merecen otras enseñanzas, por
ejemplo, las filosofías masónica, Rosacruz, el Hermetismo, y
disciplinas tales como la Cábala, el Tarot y la Astrología,
comparándolas con el nagualismo? ¿Ha tenido alguna vez o mantiene
contacto con alguna de estas vertientes o con sus seguidores?

R: De nuevo no tengo ni la menor idea de cuáles son las premisas, los
puntos de vista, ni los temas de tales disciplinas. Don Juan nos
presentó el problema de navegar en lo desconocido y esto nos toma todo
el esfuerzo disponible.

P: ¿Algunos de los conceptos de su obra, como el punto de encaje, las emanaciones de energía que componen
el universo, el mundo de los seres inorgánicos, el Intento, el Acecho y
el Ensueño, tienen una contrapartida en el conocimiento occidental? Por
ejemplo, hay quienes ven en el hombre como huevo luminoso una expresión
del aura…

R: No, nada de lo que don Juan nos enseñó parece tener una contrapartida en el conocimiento occidental, que yo sepa.

Una vez, cuando don Juan aún estaba presente, pasé un año entero a la
búsqueda de gurus, maestros, sabios que me dieran un indicio de lo que
estaban haciendo. Quería saber si había algo en el mundo de entonces
que fuera similar a lo que don Juan decía y hacía.

Mis recursos eran muy limitados y sólo me llevaron a conocer a los maestros
establecidos que tenían millares de seguidores, y desgraciadamente no
pude encontrar nada parecido.

P: Concentrándonos ahora específicamente en su obra, sus lectores nos encontramos a Carlos
Castaneda diferentes. Primero, a un académico occidental algo inepto y
permanentemente desconcertado ante el poder de ancianos indios cono don
Juan y don Genaro (principalmente en Las Enseñanzas de don Juan, Una
Realidad Aparte, Viaje a Ixtlán, Relatos de Poder y El Segundo Anillo
de Poder); luego, con un aprendiz de chamán avezado (en El Don del
Águila, El Fuego Interior, El Conocimiento Silencioso y, especialmente,
en El Arte de Ensoñar). Si está de acuerdo con esta apreciación,
¿cuándo y cómo desapareció uno para dejar paso al otro?

R: No me considero ni chamán, ni maestro, ni estudiante avanzado de
chamanismo, ni tampoco me considero un antropólogo o científico social
del mundo occidental. Mis presentaciones han sido todas descripciones
de un fenómeno imposible de discernir bajo las condiciones del
conocimiento lineal del mundo occidental. Jamás pude dar a lo que me
enseñaba don Juan una explicación de causa y efecto o tuve la
posibilidad de predecir lo que él iba a decir o lo que iba a pasar.
Bajo estas condiciones, el paso de un estado a otro es subjetivo y no
algo elaborado o producto de premeditación o sabiduría.

P: En su obra es posible encontrar episodios francamente increíbles para la
mentalidad occidental. ¿Cómo podría alguien no iniciado comprobar que
son verdaderas esas “realidades aparte” que usted describe?

R: Se puede comprobar de una manera muy simple. Prestando el cuerpo entero
en vez del intelecto. Al mundo de don Juan no se puede entrar
intelectualmente como un diletante en pos de un conocimiento rápido y
pasajero, ni tampoco se puede comprobar nada. Lo único que se puede
hacer es llegar a un estado de conciencia acrecentada que nos permita
percibir al mundo que nos rodea de una manera más amplia. En otras
palabras, la meta del chamanismo de don Juan es romper los parámetros
de la percepción histórica y cotidiana, y entrar a percibir lo
desconocido. De ahí que él se llamara a sí mismo un navegante del
Infinito. Él sostenía que mas allá de los parámetros de la percepción
diaria, está el Infinito. Llegar a eso era la meta de su vida, y puesto
que él era un chamán extraordinario, nos inculcó a nosotros cuatro ese
deseo. Nos forzó a trascender el intelecto y a encarnar el concepto de
la ruptura de los parámetros de la percepción histórica.

P: Usted sostiene que la característica básica de los seres humanos es su
condición de “perceptores de energía”. Señala el movimiento del punto
de encaje como un imperativo para percibir energía directamente. ¿Para
qué puede servir eso a un hombre del siglo XXI? ¿Cómo ayuda la
consecución de esta meta a la superación espiritual, según el concepto
antes definido?

R: Los chamanes como don Juan sostienen que todos los seres humanos poseemos la capacidad de percibir energía
directamente a medida que fluye en el universo. Consideran que el punto
de encaje, como ellos lo llaman, es un punto que existe en el campo de
energía total del hombre. En otras palabras, cuando un chamán percibe a
un hombre como energía que fluye en el universo, “ve” a una bola
luminosa. En esa bola luminosa el chamán puede “ver” un punto de gran
brillo que está situado a la altura de los omóplatos y a la distancia
de más o menos un metro detrás de ellos. Los chamanes sostienen que
allí es donde se realiza la percepción, que la energía que fluye en el
universo se transforma allí en datos sensoriales y que esos datos
sensoriales son luego interpretados para dar como resultado el mundo de
la vida cotidiana. Los chamanes mantienen que se nos enseña a
interpretar, por lo tanto, se nos enseña a percibir.

El valor pragmático de percibir la energía directamente a medida que fluye en el
universo para el hombre del siglo XXI o del siglo I es el mismo. Le
permite ampliar los límites de su percepción y utilizar dentro de sus
medios ambientales tal ampliación. Don Juan decía que sería
extraordinario “ver” directamente la maravilla del orden y del caos del
universo.

P: Recientemente usted ha presentado una disciplina de ejercicios físicos que denomina Tensegridad. ¿Puede explicarnos de
qué se trata exactamente? ¿Qué finalidad persigue? ¿Qué beneficios
espirituales puede encontrar en ella quien la practique de forma
individual?

R: Según lo que nos enseñó don Juan Matus, los chamanes que vivieron en México en tiempos antiquísimos descubrieron
una serie de movimientos, ejecutados con el cuerpo, que los llevaron a
un estado de desarrollo físico y mental de tal magnitud que decidieron
llamar a tales movimientos pases mágicos.

Don Juan nos dijo que por medio de sus pases mágicos, dichos chamanes adquirieron un
nivel de conciencia acrecentada que les permitió ejecutar proezas de
percepción indescriptibles.

Los pases mágicos fueron enseñados a través de generaciones solamente a los practicantes de chamanismo, en
medio de un tremendo secreto y de complejos rituales. Así es como se
los enseñaron a don Juan Matus, y así es como él los transmitió a sus
cuatro discípulos.

Nuestro esfuerzo ha consistido en extender la enseñanza de tales pases mágicos a quien quiera aprenderlos. Los
hemos llamado Tensegridad y los hemos convertido, de movimientos
enteramente personales y propios de cada uno de los cuatro discípulos
de don Juan, en movimientos genéricos aplicables a cualquier persona.

La practica de la Tensegridad en forma individual o colectiva promueve la
salud, el vigor, la juventud y el bienestar general. Don Juan decía que
la práctica de los pases mágicos ayuda a acumular la energía necesaria
para acrecentar la conciencia y ampliar los parámetros de la
percepción.

P: Aparte de sus tres compañeras, los asistentes a sus seminarios han conocido a otro grupo de personas, como los
Chacmoles, las Rastreadoras de Energía, los Elementos, el Explorador Azul… ¿Quienes son ellos? ¿Se trata de una nueva partida de videntes dirigida por usted? Si es así, ¿cómo podría alguien integrarse en este grupo de aprendices?

R: Cada una de esas personas acerca de las que usted pregunta son seres definidos que don Juan Matus como
director de su linaje nos encargó esperar. Él predijo la llegada de cada uno de ellos como parte integral de una visión. Puesto que su linaje no podía continuar debido a configuraciones energéticas propias de sus cuatro estudiantes, su misión se transformó de perpetuar el linaje a cerrarlo, si fuera posible con broche de oro.

Nosotros no estamos en posición de cambiar esta directiva. No podemos buscar ni aceptar aprendices o miembros vigentes de la nueva visión de don Juan. Lo único que podemos hacer es acceder a los dictámenes del Intento.

El hecho de que se estén enseñando los pases mágicos, guardados con celo por tantas generaciones, es una muestra de que sí se puede llegar a ser parte de esta nueva visión de una manera indirecta a través de la
práctica de la Tensegridad y de la observación de las premisas del camino del guerrero.

P: En Lectores del Infinito usted ha utilizado el término “navegación” para definir lo que los brujos hacen.
¿Están prontos a izar velas y levar anclas para iniciar el viaje definitivo? ¿Acabará con ustedes el linaje de guerreros toltecas depositario de este conocimiento?

R: Sí, efectivamente, el linaje de don Juan acaba con nosotros.

P: ¿Incluye el camino del guerrero el trabajo espiritual de la pareja, como se encuentra en otras propuestas?

R: El camino del guerrero incluye todo y a todos. Puede haber una familia entera de guerreros impecables. La dificultad está en el terrible hecho de que las relaciones individuales están basadas en inversiones emocionales, las cuales se desmoronan en el momento en el que el practicante realmente practica lo que aprende. Por lo regular, en el
mundo diario, las inversiones emocionales nunca son examinadas y vivimos una vida entera esperando que nos correspondan. Don Juan decía que mi manera de vivir y de sentir se describía de una manera muy
simple: “yo sólo doy lo que me dan”, y que yo era un inversor empedernido.

P: Si alguien quisiera emprender el trabajo espiritual ajustándose al conocimiento difundido en sus libros, ¿a qué
posibilidades de avance puede aspirar? ¿Qué recomendaciones formularía a quienes desean poner en práctica por propia cuenta las enseñanzas de don Juan?

R: No hay manera alguna de poner un límite a lo que uno puede lograr de un modo individual si el intento es un intento
impecable. Las enseñanzas de don Juan no son espirituales, lo repito de nuevo, puesto que esta cuestión ha salido a la superficie una y otra vez. La idea de la espiritualidad no encaja con la disciplina férrea
del guerrero. Lo que más cuenta para un chamán como don Juan es la idea del pragmatismo. Cuando conocí a don Juan yo me creía un hombre práctico, un científico social lleno de objetividad y pragmatismo. Él acabó con mis ínfulas y me hizo ver que como verdadero hombre occidental, yo no tenía nada de pragmático y nada de espiritual. Llegué
a entender que yo simplemente repetía el vocablo “espiritualidad” para oponerlo a lo mercenario del mundo de todos los días. Quería alejarme de la manera más certera del mercantilismo de la vida diaria y a ese
afán yo le llamaba espiritualidad. Cuando don Juan me exige llegar a una conclusión, a una definición de lo que yo consideraba espiritual, me di cuenta de que él estaba en lo cierto. Yo no sabía lo que decía.

Suena un poco petulante decir lo que estoy diciendo, pero no hay otra manera de decirlo. Lo que quiere un chamán como don Juan es el engrandecimiento de la conciencia de ser, esto es, poder percibir con todas las posibilidades humanas de percepción, lo que implica una labor descomunal y un propósito sin medida, cosas que no pueden ser suplidas por la espiritualidad en el mundo occidental.

P: ¿Hay algo que le gustaría explicarnos a los sudamericanos, especialmente a los chilenos? ¿Quisiera exponer otros planteamientos, además de los formulados?

R: No tengo nada más que añadir. Todos los seres humanos estamos en el mismo nivel. Al comienzo de mi aprendizaje con don Juan Matus él trató de hacerme ver lo común de la situación del hombre. Yo, como sudamericano, estaba muy involucrado intelectualmente con la idea de la reforma social. Un día le planteé la pregunta que yo
creía era fatal. Le dije: ¿cómo es posible, don Juan, que usted permanezca impasible ante la situación espantosa de sus congéneres, los indios yaquis de Sonora?

Yo sabía que un porcentaje de la población yaqui sufría de tuberculosis y que no tenía remedio por su condición económica.

Sí – me dijo don Juan- es una cosa muy triste, pero figúrate que también es muy triste tu situación, y si tú crees estar en condiciones mejores que los indios yaquis, te equivocas. Es la condición del hombre en general el permanecer en un estado espeluznante de caos. Nadie está mejor que otro. Todos somos seres que vamos a morir, y a menos que tomemos en cuenta cabal esta situación, no hay remedio para nosotros.

Este es otro punto del pragmatismo de los chamanes: el darse cuenta de que somos seres que vamos a morir. Los chamanes afirman que así todo adquiere una medida y un orden trascendental.

Carlos Castaneda, el autor de Las enseñanzas de don Juan, se encuentra en México. El jueves, a las 19:30 horas, conversará con el público en la librería del Fondo de Cultura Económica. Comenzamos por plantearle una
duda de muchos lectores: ¿Existe don Juan o es un invento (una creación literaria) de Carlos Castaneda?

“Es el conflicto del lector de Carlos Castaneda, afirma. Hace referencia a su propio conocimiento:
¿Cómo es posible que escriba cosas que no tienen sentido en el mundo cotidiano? La clave de esa reacción es la referencia que uno hace a sí mismo, a lo que uno sabe”.

Luego dice: “Don Juan no es un personaje literario, es una persona, que no vive ahora, pero que vivió en el mundo, como tu y yo conocemos el mundo. No habría podido crear un personaje como don Juan, porque no tengo la preparación. Lo que don Juan me dice no es algo que yo pueda improvisar, o extraerlo como una síntesis de mis lecturas. No se puede, es algo diferente”.

– Si usted quisiera resumir las enseñanzas de don Juan, o tal vez, destacar su enseñanza más importante ¿cuál sería?

– Lo más importante para mí, en lo que yo podría invertir todo lo que tengo si don Juan estuviera vendiendo algo, es esa premisa que consiste en perder la importancia personal, ese sentimiento de amor propio, el pundonor que nos legaron los antecesores nuestros: la idea de que el yo personal vale tanto.

“Alguna vez yo le pregunté por qué sería tan importante perder el sentimiento de la importancia personal. Don Juan dice que es una cosa muy sencilla: el 90% de nuestra energía está consumida en defender nuestras personas. La idea de él es que no hay razón para tanto esfuerzo. Defender la persona cuesta demasiado y no reporta nada”.

Esto es, para Carlos Castaneda, “el punto de articulación de las enseñanzas de don Juan. El quiere crear un ahorro de energía, a fin de que la misma se emplee en algo novedoso”.

Este algo novedoso se encuentra en las mismas enseñanzas de Juan Matus. “El está interesado en percibir conjuntos que no tienen ninguna historia en el mundo cotidiano. Por ejemplo, un conjunto nuevo sería ver al hombre como un “huevo luminoso”, una masa de energía y no solamente un cuerpo sólido. Esto le da al indio brujo una ventaja extraordinaria, que está vedada para nosotros. ¿Por qué – dice – es que nosotros no estamos interesados en la percepción?”

“Cuando me preguntó eso – relata Castaneda – yo le aseguré que estaba interesadísimo en la percepción, lo cual no era cierto, desde luego, porque el único interés que tengo yo, como hombre occidental, es en el significado, en la epistemología, de un modo u otro. De ahí que buscaba yo nuevos significados, y yo les llamo nuevos rumbos”.

– ¿Tienen que ver los nuevos rumbos con la realidad aparte de don Juan?

– La realidad aparte es en la realidad total de don Juan, porque él no está interesado en los nuevos rumbos o significados, que es un manejo intelectual. El está interesado en una búsqueda de unidades de percepción nuevas, que no tienen historia, como por ejemplo el ver a la muerte, a la muerte que nos deshace inexorablemente. Como occidentales intuimos pero no vemos ala muerte. Y al fin de cuentas, no nos interesa, porque (decía don Juan) no nos interesa la vida.

En el prólogo a la primera edición en español de Las enseñanzas de don Juan (Colección Popular del FCE, 1974) Octavio Paz escribe: “… las creencias de don Juan han alimentado y enriquecido la sensibilidad y la imaginación de los indios desde hace varios miles de años”. Acerca de las culturas indígenas de México, Carlos Castaneda nos dice que “por supuesto, es la herencia del país. Don Juan es México, el México puro, el México antiguo”.

“En este momento – añade – hay en el país cantidad de gente que está envuelta en la misma búsqueda de don Juan.
El me dejó explicar su conocimiento en mis libros. En este momento yo trabajo en el norte de México, con gente que son sus estudiantes, que son sus herederos”.

“Lo que es importantísimo – subraya Castaneda – es que cuando llega el español le quita al indígena las libertades visibles. El español deja al indígena sin nada, un paria total”.

“Lo que le queda a don Juan, y a los indígenas como él, es encararse con la libertad total, que no tiene nada que ver con las libertades políticas, ideológicas, o con el derecho a la felicidad y al bienestar”.
Castaneda explica que la libertad total “tiene que ver con el encararse con la realidad ineluctable, la muerte, la disolución del ser, de la conciencia. Don Juan quiere ser libre, una libertad completa. No quiere morirse como se muere el hombre cotidiano. Dice que él quiere convertirse en conciencia total”.
Hay dos palabras, en el habla de Juan Matus, que vale la pena explicar – le decimos a Castaneda -: ver y poder.

“Don Juan dice que toda la energía con la que nosotros podemos contar ya está distribuida. De ahí que no podamos romper la hegemonía de la percepción, y cuando nos encontramos con un brujo creemos habernos
topado con un hombre incoherente, porque no está usando la energía disponible como nosotros lo hacemos”.

“Entonces para poder disponer de energía, ya que toda está distribuida, tenemos que ahorrarla, y para él hay un único modo de hacerlo: deshacernos de aquello que no reporta nada. Y ese aquello es la importancia del yo personal”. El planteamiento es que “si se pudiera ahorrar esa energía, habría suficiente capacidad para percibir esa otra realidad, esa realidad aparte y, sobre todo, habría suficiente energía para percibir el regalo del conocimiento total”.

Castaneda explica entonces el poder. “Es haber ahorrado esa energía que le permite a uno entrar en áreas de percepción inconcebibles. El hombre de poder es el que puede entrar en mundos de percepción inconcebibles para el que no ha podido ahorrar energía, para aquellos que han empleado toda su energía en defender sus personas”.

“Si tu dejaras de sentirte tan importante – comenta, para dejar clara la idea – serías invulnerable.
¿Qué te podrían hacer? Lo que nos hiere es que nos acusen, o nos ataquen en el amor propio. Uno hace lo mejor que puede, eso es indiscutible, pero jamás se puede uno tomar tan en serio. Ese es el secreto, ahí está, a lo mejor lo agarramos muy bien”.

Castaneda define su actitud cuando dice: “No quiero la fama o la riqueza, sino expresar, de la manera más simple, lo que don Juan me enseñó”.

Nos habla de su libro más reciente, el séptimo, que ya circula en los Estados Unidos con un título que podría traducirse como El fuego interno. Su autor cuenta que a la editora estadounidense no le gustó el
título original, con el que, muy probablemente, aparecerá en español:
Los guerreros de la libertad total. “Lo que quiero hacer es presentar un bosquejo, una especie de introducción a las tres maestrías que constituyen el conocimiento ancestral del indígena mexicano: la maestría de la percepción, la del Intento y la de lo que llaman el acecho”.

“Esta última maestría es el arte de vivir en el mundo cotidiano de la mejor manera posible. La maestría del Intento es el arte de Intentar relacionarnos con la fuerza que nos sustenta, porque hay algo que nos sustenta, que nos da energía y, por supuesto, la maestría de la percepción es el arte de la conciencia”.
En cuanto a la afirmación de que toda nuestra energía la usamos para destacar la importancia del yo personal, le comentamos la existencia de personas muy apartadas de esta idea: las que se entregan a una causa popular, social. “Me imagino que sí, dice, por lo que sé de la historia”. A propósito, afirma que “cada uno de los grandes líderes contemporáneos son unos maniáticos desesperantes. Napoleón, por ejemplo, que contribuyó enormidades a nuestro modo de pensar, Hitler… y lee las memorias de Freud, es una cosa desesperante…”

No estamos conformes, insistimos que hablamos de personas entregadas a una causa popular, social, como Miguel Hidalgo o Emiliano Zapata. Carlos Castaneda se pone de pie sin hacerlo.
“Esa es otra cosa, tienen el pellejo diferente. Hay allí otro tenor ancestral, otro gente. Esa gente está más cercana a don Juan que los líderes europeos. Es otra sentimentalidad”.

Javier Molina.
Periódico Uno Más Uno Junio 1984.

Entrevista de la Revista Uno Mismo.