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Por José Saramago

Tania Libertad interpreta poemas de Mario Benedetti

No será con todos ni será siempre, pero a veces ocurre lo que estamos viendo estos días: que, porque ha muerto un poeta, aparecen en todo el mundo lectores de poesía que se declaran devotos de Mario Benedetti, que necesitan un poema que exprese su desconsuelo y tal vez también para recordar un pasado en que la poesía tuvo un lugar permanente, cuando hoy es la economía la que nos impide dormir. Así, vemos que de repente se establece un tráfico de poesía que habrá dejado perplejos los medidores oficiales, porque de un continente a otro saltan mensajes extraños, de factura original, líneas cortas que parecen decir más de lo que a primera vista se cree. Los descifradores de códigos no dan abasto, demasiadas enigmas para descodificar, demasiados abrazos y demasiada música acompañando sentimientos que son demasiados: el mundo no podría soportar muchos días de esta intensidad emocional, pero tampoco, sin la poesía que hoy se expresa, seríamos enteramente humanos. Y esto, en pocas líneas, es lo que está sucediendo: murió Mario Benedetti en Montevideo y el planeta se hizo pequeño para albergar la emoción de las personas. De súbito los libros se abrieron y comenzaron a expandirse en versos, versos de despedida, versos de militancia, versos de amor, las constantes de la vida de Benedetti, junto a su patria, sus amigos, el fútbol y algunos boliches de trago largo y noches todavía más largas.

Murió Benedetti, ese poeta que supo hacernos revivir nuestros momentos más íntimos y nuestras rabias menos ocultas. Si con sus poemas salimos a la calle – codo a codo somos mucho más que dos -, si leyendo “Geografías”, por ejemplo, aprendimos a amar un país pequeño y un continente grande, ahora, según las cartas que llegan a la Fundación, se recuperan momentos de amor que dieron sentido a tiempos pasados, y quién sabe si presentes. Eso también se lo debemos a Benedetti, el poeta que al morir hizo de nosotros herederos del bagaje de una vida fuera de lo común.

Tania y Mario: la libertad

No es verdad que el mundo está todo descubierto. El mundo no es sólo la geografía con sus valles y montañas, sus ríos y sus lagos, sus planicies, los grandes mares, las ciudades y las calles, los desiertos que ven pasar el tiempo, el tiempo que nos ve pasar a todos. El mundo es también las voces humanas, ese milagro de la palabra que se repite todos los días, como un corona de sonidos viajando en el espacio. Muchas de esas voces cantan, algunas cantan verdaderamente. La primera vez que oí cantar a Tania Libertad tuve la revelación de las alturas de la emoción a que puede llevarnos una voz desnuda, sola delante del mundo, sin ningún instrumento que la acompañara. Tania cantaba a capella “La paloma” de Rafael Alberti, y cada nota acariciaba una cuerda de mi sensibilidad hasta el deslumbramiento.

Ahora Tania Libertad canta a Mario Benedetti, ese gran poeta a quien tan bien le sentaría el nombre de Mario Libertad…

Son dos voces humanas, profundamente humanas, que la música de la poesía y la poesía de la música han reunido. De él la palabras, de ella la voz.

Oyéndolas estamos más cerca del mundo, más cerca de la libertad, más cerca de nosotros mismos.

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HÖLDERLIN Y LOS U’WA:

William Ospina

Nuevos pecados capitales: guerra, polución y consumismo.

Muchos han advertido que el patético egoísmo de nuestra cultura occidental, y sobre todo de lo que hoy expresivamente se llama “sociedad de consumo”, es un peligro para el mundo. Aldous Huxley, en sus conferencias de Santa Bárbara, hace medio siglo, lo declaraba con alarma. Y así lo hicieron elocuentemente desde D. H. Lawrence, en su libro Apocalipsis, y
Ernesto Sabato, en sus discursos sobre la sociedad tecnológica, hasta Frederick Pohl e Isaac Asimov, en su tremendo libro La
ira de la tierra. No sólo crecen la basura y la trivialidad, un hastío que necesita cada vez estímulos más poderosos, y un horrible
comercio de soledad y de muerte, sino que en los corazones y en los tejidos hasta la voluntad de sobrevivir está ? aqueando.
Ya son tan evidentes, en buena parte del mundo, los males que hace dos siglos nadie advertía, que las estrofas de Hölderlin se van haciendo diáfanas como el agua. A comienzos del siglo XIX, Goethe y Schiller no llegaron a comprender lo que signi?caban estos versos que hoy cualquiera de nosotros puede apreciar y amar, cuando nos dijo que los dioses, los grandes poderes que nutren el mundo.

Artículo completo, una reflexión sobre la naturaleza y la cultura frente al desarrollo

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Continuamente me toca conversar con pacientes, que al abordar el tema espiritual, confiesan sentirse alejados o bloqueados. El principal argumento esgrimido tiene que ver con la desconfianza e incluso el rechazo que les provocan las religiones tradicionales.

Ante esto, trato de explicarles que un asunto son las iglesias y otro diferente la conexión que pueda tener cada uno con lo divino. Especial énfasis doy a la importancia que tiene en la vida de todos sentirse vinculados al mundo de lo invisible. Y en ese sentido los pueblos llamados “primitivos” tienen mucho que enseñarnos.

Muchas personas cuando oyen hablar de religiones primitivas asocian éstas a brujería, talismanes, fetichismo o conjuros, incluso hay algunos que creen que los pueblos tribales no tienen religión alguna. Pero la verdad es que la mayoría de ellos son mucho más religiosos que los occidentales modernos.

Y es que los pueblos Indígenas se encuentran comprometidos con los dioses o fuerzas en que ellos creen, rindiéndoles culto y entregándoles ofrendas para mantenerse en una relación armónica con las fuerzas del más allá.

Algunos autores usan la palabra “primitivo” para designar las religiones que son anteriores a las que llamamos religiones “universales”. Estas últimas comprenden por ejemplo, el cristianismo y las grandes religiones asiáticas, que tienen normalmente escritura y se consideran como abiertas a todos los pueblos.

La religión primitiva es la religión de una tribu o pueblo que cuenta con sus dioses y sistemas propios.

Es interesante constatar como una persona “moderna” puede recuperar la fe o la creencia en algo superior, al ponerse en contacto con estas raíces. A mi como a tantos otros nos ocurrió que al ser testigo de la autenticidad y fuerza de estos seres, hemos encontrado nuevos caminos hacia Dios.

Dios Supremo, Dios del Cielo

Es básico para las religiones primitivas la creencia en un mundo de poderes o seres espirituales mucho más fuertes que el ser humano. Este poder se concibe como la presencia de cierto tipo de espíritus que moran en una persona otorgándole ciertas capacidades especiales, y cuyas fuerzas determinan las cualidades especiales de un ser humano.

Algunas de estas religiones primitivas veneran estos poderes espirituales como dioses, los que a su vez gobiernan áreas de la vida humana como la casa, la agricultura, la salud, o la metalurgia.

Pero no por esto las religiones primitivas dejan de tener en su panteón un único o supremo Dios por encima de todos los demás poderes. Este Dios Supremo o Dios del Cielo puede incluso no tener templos, sacerdotes, un culto organizado o sacrificios y por eso pasa fácilmente inadvertido para los extraños.

Además, la mayoría de los pueblos tribales consideran que los espíritus de sus muertos siguen viviendo en otra dimensión. Teoría que confirma el estudio de los sueños, en el que toda clase de personas, sueñan de manera natural y vívida con aquellos que ya no están entre nosotros, quienes por lo general traen señales iluminadoras desde la otra dimensión.
Esto prueba que los espíritus familiares siguen relacionándose con nosotros desde el más allá. Por eso es recomendable honrar a los espíritus ancestrales para contar con su protección y guía, confiando que aceptan nuestras oraciones y que las transmiten a poderes superiores.

Mitología, ritos y ofrendas

Las religiones primitivas se desarrollan en mitos más que en escrituras y credos. Los mitos no son simples cuentos, sino elaboradas historias que contienen el conocimiento de los poderes espirituales de un pueblo. En ellos podemos encontrar una honda comprensión de la naturaleza y de los problemas humanos fundamentales.

Los ritos, por su parte, son el medio de comunicación entre los dos mundos. Podemos hacer nuestros propios ritos, ayudándonos con un incienso, alguna música que nos haga entrar en un estado especial, velas, fotos de nuestros antepasados o amigos que ya no están, baile, meditación y oración.

Así podemos ir abriéndonos a este mundo invisible que tanto tiene para aportarnos, especialmente en estos tiempos agitados que vivimos.

Las oraciones y ofrendas a los Dioses son lo más destacado de los ritos. También las acciones de ayuda al prójimo son consideradas ofrendas. Lo que importa es hacerlas de manera sentida y profunda.

Aunque la mayor parte de las veces pidamos prosperidad, bendiciones materiales y salud, es bueno siempre dedicar una parte del rito para pedir por la paz mundial y por aquellos más necesitados, de esta manera estamos haciendo que la energía circule y beneficie a todos.

Muchas religiones primitivas, como la afro-brasileña, cuentan con sistemas bien definidos en que se detallan las ofrendas que se ha de compartir con el Dios en un banquete de comunión.

El chamán

Para realizar toda clase de actividad religiosa la mayoría de las religiones primitivas cuentan con un especialista, normalmente llamado chamán. Él es quien asume las actividades de sacerdote, médium, adivino, curandero y herborista.

Personalmente, tuve en suerte conocer al chamán amazónico Alejandro Jahuanchi, quién compartió conmigo durante años sus conocimientos sobre los espíritus de la naturaleza y del cosmos. Fui bautizado por él con el nombre de “Wannpiriba” que en lenguaje amazónico significa “el que quita el dolor con las manos”, esto por mi trabajo de masaje terapéutico.

Con él aprendí que hay seres en permanente contacto con la naturaleza y con poderes misteriosos, y su presencia me hizo mucho más sensible al mundo espiritual. Para conocer de primera fuente el mensaje de un auténtico chamán nativo, les recomiendo visiten la página: del Grupo Wanamey

Aunque muchas religiones primitivas han desaparecido bajo la presión moderna de las áreas desarrolladas del mundo, otras han persistido tenazmente y se han adaptado al cambio.

Nunca y bajo ningún concepto debemos considerarlas como religiones infantiles de pueblos salvajes o como las travesuras ingeniosas de tribus dominadas por hechiceros. Son intentos serios de pueblos adultos para crear y mantener un sistema espiritual capaz de ofrecer un apoyo tanto en la vida como la muerte.

Autor: Eduardo Labra – Santioago de Chile – www.treboldelasuerte.cl

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Machu Picchu

Cada cultura tiene una concepción de su realidad y de acuerdo a ella vive, “viendo” y dejando de “ver” determinados aspectos. La concepción que del mundo tienen, se ha desarrollado a través de un prolongado proceso de interacciones entre las etnias y el medio natural que les sirve de sustento para su persistencia y reproducción. Como cada etnia y el medio natural que habitan tienen características que las diferencian de otras; el resultado de sus interacciones también es diferente, estas diferencias son las que tipifican a cada cultura.

A nivel mundial, los pueblos más antiguos que llegaron a ser “Centros de Cultura Original” se desarrollaron en los Andes, Centroamérica, India, China, Medio Oriente y en las costas del Mediterráneo. Las etnias que habitan estas regiones, tienen singulares maneras de ver y vivir en interacción con los elementos de su medio natural. Las plantas, tanto las silvestres como las cultivadas, son parte de este medio natural y por lo tanto son también consideradas de manera diferente por cada cultura.

En los Andes la diversidad de climas va acompañada de una gran variabilidad en las estaciones climáticas, que en los Andes se caracterizan por no ser muy definidas ni mucho menos regulares. No son muy definidas, en el sentido de que la época de frió y la de calor no alcanzan niveles extremos como en el centro y norte de Europa y son muy variables por la presencia de repentinas heladas, sequías, granizadas o excesos de lluvia aún en plena estación cálida o lluviosa. Aquí la variabilidad del clima es lo normal. La cordillera andina determina además que el suelo sea de irregular topografía en donde los terrenos planos son escasos. Es frecuente que las tierras de cultivo sean suelos de ladera con pendientes pronunciadas.

En este medio natural de gran densidad, diversidad y variabilidad climática y con suelos de relieve accidentado, tuvo lugar un prolongado proceso de interacciones entre un medio pluriecológico y variable con las múltiples etnias que aún las habitan. Como consecuencia de ello se desarrolló un modo de “ver” y sobre todo de vivir y sentir el mundo, que si bien es singular en cada lugar, tiene características generales que en conjunto tipifican este modo de concebir la vida.

Para los andinos el mundo es una totalidad viva. No se comprende a las partes separadas del todo, cualquier evento se entiende inmerso dentro de los demás y donde cada parte refleja el todo. Este mundo íntegro y vivo es conceptuado como si fuera un animal, semejante a un puma capaz de reaccionar con inusitada fiereza cuando se le agrede. La totalidad es la colectividad natural o Pacha; comprende al conjunto de comunidades vivas, diversas y variables, cada una de las cuales a su vez representa al Todo.

Esta totalidad está confirmada por la comunidad natural pluriecológica constituida por el suelo, clima, agua, animales, plantas y todo el paisaje en general, por la comunidad humana multiétnica que comprende a los, diferentes pueblos que viven en los Andes y por la comunidad de deidades telúricas y celestes, a quienes se les reconoce el carácter de Huaca, de sagrado, en el sentido de tenerles mayor respeto, por haber vivido y visto mucho más y por haber acompañado a nuestros ancestros, porque nos acompaña y acompañará a los hijos de nuestros hijos. Estas comunidades se encuentran relacionadas a través de un continuo y activo diálogo, reciprocidad y efectiva redistribución. Cada comunidad es equivalente a cualquier otra; todas tienen el mismo valor, ninguna vale más y por lo tanto todas son importantes, merecen respeto y consideración, en la concepción andina esto se expresa cuando se reconoce que todo es sagrado, es sagrada la tierra (Pachamama = madre tierra, aunque etimológicamente seria tal vez más exacto “Señora del tiempo y el Espacio), los cerros, (Apus, Achachilas, Huamanís, Auquis), las estrellas, el sol, la luna, el rayo, las piedras, nuestros muertos, los ríos, puquiales, lagunas, los seres humanos vivos, los animales y las plantas, no sólo las cultivadas sino también las silvestres.

Los miembros de todas estas comunidades forman un Ayllu que ocupa un Pacha local, es decir todos son parientes pertenecientes a una misma familia. No sólo son parientes los runas sino también los ríos, los cerros, las piedras, las estrellas, los animales y las plantas que se encuentran en el Pacha local acompañándose los unos a los otros todos son personas equivalentes.

El Ayllu, se trata del grupo de parentesco. Pero resulta que, bien mirada la cosa, el grupo parental no se reduce al linaje humano como hasta ahora se había afirmado, sino que el parentesco, y con ello el Ayllu, abarca a cada uno de los miembros del Pacha (microcosmos) local. La familia humana no se diferencia de la gran familia que es el Ayllu sino que está inmersa en él. El Ayllu es la unión de la comunidad humana, de la comunidad de la Sallga y de la comunidad de huacas que viven en el Pacha local. La unidad parental así constituida es muy íntima y entrañable. Cuando traemos a la chacra una semilla de otro piso ecológico que ha atraído nuestro afecto y le ofrecemos el mejor de nuestros suelos en el huerto inmediato a nuestra vivienda y la cuidamos con cariño y esmero, ella es ya un miembro de nuestra familia: es nuestra nuera. Se evidencia así que los cultivos vegetales de nuestra chacra son hijos de la familia humana que los cría. Las llamas y alpacas son también hijas de la familia que las pastorea y las cuida.

El mismo hecho de reconocer equivalencia entre todos, hace que cada comunidad y en especial la humana sienta su insuficiencia para mantener ella sola, la integridad de las funciones de la colectividad natural de la cual turnia parte, copio un integrante más y no el más importante.

Diálogo y reciprocidad entre comunidades que sienten, que tienen igual valor y, que reconocen su insuficiencia, posibilita lograr una armonía con bienestar para todas las comunidades de la naturaleza.

Todos quienes existen en el mundo andino son como somos nosotros mismos y son nuestros amigos. Con ellos nos acompañamos, con ellos conversamos y reciprocamos. Les contamos lo que nos pasa y nos dan consejos; y también ellos nos cuentan lo suyo y confían en nosotros. Tratamos con cada uno de ellos de persona a persona, conversamos con ellos cara a cara.

Todo cuanto existe en el mundo andino es vivo. No sólo el hombre, los animales y las plantas sino también las piedras, los ríos, los cerros y todo lo demás. En el mundo andino no existe algo inerte: todo es vivo. Igual que nosotros todos participan en la gran fiesta que es la vida: todos comen, todos duermen, todos danzan, todos cantan: todos viven a plenitud.

En el mundo andino no hay poderosos ni autosuficientes. Todos nos necesitamos los unos a los otros para vivir. En los Andes no existe el mundo como totalidad íntegra diferente y diferenciada de sus componentes. Aquí no existen «todos» ni «partes», que tan sólo son abstracciones. Aquí hay simbiosis que es lo inmediato a la vida. La simbiosis se vive en los Andes en forma de crianza mutua.

La chacra (pedazo de tierra cultivada) es una forma de crianza. En la chacra andina no sólo se cría a las plantas y a los animales considerando como condiciones ya dadas al suelo, al agua y al clima, sino que en la chacra también se cría al suelo, al agua y al clima. Recíprocamente, la chacra cría a quienes la crían. Se trata pues de una cultura de crianza en un mundo vivo.

En los Andes toda la vida gira alrededor de la crianza de la chacra, por eso la cultura andina es agrocéntrica.

Cada uno de los seres que habitan en este mundo vivo andino es equivalente a cualquier otro, esto es, cada quien (ya sea hombre, árbol, piedra) es una persona plena e imprescindible, con su propio e inalienable modo de ser, con su personalidad definida, con su nombre propio, con su responsabilidad específica en el mantenimiento de la armonía del mundo, y es en tal condición de equivalencia que se relaciona con cada uno de los otros. Otra manifestación de equivalencia en el mundo andino es que todos tenemos chacra y todos pastoreamos un rebaño. Así como el hombre hace chacra combinando la forma de vida de las plantas, los animales, los suelos, las aguas y los climas que toma de la naturaleza con la aquiescencia de las huacas, del mismo modo las huacas tienen su chacra que es la flora de la naturaleza (o la sallga) y tiene sus rebaños que son la comunidad humana y la fauna de la sallga.

La cultura andina, que es la cultura de un mundo vivo y vivificante, late al ritmo de los ciclos cósmicos y de los ciclos telúricos que es el ritmo de la vida: su «tiempo», por tanto, es cíclico. Sin embargo, las ceremonias del calendario ritual andino son momentos de conversación íntima con tales ciclos en los que no se repite un «arquetipo» sino que se sintoniza la situación peculiar. En los Andes, el clima, que es la manera de mostrarse de los ciclos cósmicos y telúricos, es sumamente variable e irregular. Esto condiciona una diferencia importante con el mito del eterno retorno de los griegos de la Edad Clásica y con el modelo del tiempo circular. En los Andes hay una re-creación, una renovación, anual de los ritos, esto es, de la conversación íntima entre todos los componentes del mundo vivo, que se armoniza con el estado correspondiente del clima. Esta re-creación, esta renovación, es la digestión, por parte del mundo-vivo, de las condiciones de vida en el momento del rito, que, repetimos, son muy variables e irregulares.

Es obvio que el «tiempo» andino no es el tiempo lineal e irreversible del Occidente moderno (Se inicia cuando Jehová-dios creo el universo y terminará con el fin del mundo) en el que continuamente se cancela al pasado con el ansia de proyectar lo que se va a vivir en el futuro y de esta manera se escamotea el presente y, con ello, la vida. El «presente» en el mundo vivo andino se re-crea, se re-nueva, por digestión del «pasado», es decir, por inclusión del «pasado». Pero, a la vez, la cultura andina es capaz de saber continuamente cómo se va a presentar el «futuro» por la participación de todos los miembros de la colectividad natural en la conversación cósmico-telúrica propia del mundo vivo. En los Andes no hay una distinción tajante y cancelatoría entre «pasado» y «futuro» porque el «presente» los contiene a ambos. Por tanto no hay lugar aquí para el tiempo lineal e irreversible del Occidente moderno. En los Andes, desde luego, existe la noción de secuencia, las nociones de antes y después, pero ellas no se oponen como pasado y futuro en la cultura occidental, sino que se encuentran albergadas en el «presente», en el «presente de siempre», en «lo de siempre» siempre re-creado, siempre renovado. Es que en los Andes vivimos en un mundo vivo, no en el mundo- reloj de Occidente.

Por ello es que el sacerdote andino, en la ceremonia ritual, puede remontarse en el «pasado» miles de años y ver hoy en pleno funcionamiento ritual una huaca y participar activamente en aquel acto: de esta manera incluye el «pasado» en el «presente». Asimismo, el sacerdote puede por su capacidad de conversar con todos los componentes del mundo vivo, saber el clima que corresponderá a la campaña agrícola-pastoril venidera y también puede remontarse mas y llegar a saber el clima de las diez próximas campañas: de esta manera incluye el «futuro» en el »presente». En los Andes Inka, pasado, presente y futuro, antes, ahora y después, no son compartimientos estancos sino que ellos concurren en el ahora que, por eso mismo, es siempre. Siempre re-creado, siempre renovado, siempre novedoso, sin anquilosis alguna.

Como ya hemos visto, en la cultura andina Inka la forma del mundo no ocurre en el tiempo y el espacio. Aquí la vida ocurre en el pacha que podría, si se quiere, incluir al tiempo y al espacio pero antes de toda separación, y que podría, también si se quiere, significar cosmos o mundo para el modo de ser de Occidente; sin embargo el pacha, es, más bien, el micro-cosmos, el lugar particular y específico en que uno vive. Es la porción de la comunidad de la sallga o «naturaleza» en la que habita una comunidad humana, criando y dejándose criar, al amparo de un cerro tutelar o Apu que es miembro de la comunidad de huacas o «deidades». Es decir, pacha es la colectividad natural local, que, como todo en el mundo andino, se re-crea continuamente.

La Pachamama, la Madre Tierra, cada año, cada ciclo telúrico, concibe – fecundada por el Sol- y pare un nuevo pacha, (dentro del pacha, a su vez, el agua fecunda a la tierra, y así sucesivamente). Los sacerdotes y las sacerdotisas toman el pulso a la Pachamama y palpan el feto durante la gestación para conocer antes del parto el carácter de la cría. Por eso pueden saber el clima del año venidero. Pero ellos también, por su conocimiento tan íntimo de la Pachamama y del Sol, así como de las circunstancias de su vida, pueden saber incluso el carácter de sus criaturas aún no engendradas.

La colectividad natural andina siendo sumamente diversa, es sin embargo la de siempre. Sucede pues que lo de siempre es la diversidad, la renovación, la re-creación. La diversidad es lo habitual, es lo normal. Pero no cualquier diversidad sino la que conviene a la vida. Por este modo de ser es que la cultura andina ha podido mantener su presencia entrañable en las grandes mayorías poblacionales del campo y de las ciudades y continuar con su diversidad pertinente a la vida.

Por otra parte se constata que la concepción andina es holista porque en el mundo-animal lo que incide en uno cualquiera de sus órganos, afecta necesariamente al organismo, al ser vivo. El órgano es indesligable del organismo y en el órgano está incluido el organismo. Se trata de un mundo comunitario de un mundo de amparo en el que no cabe exclusión alguna. Cada quien (ya sea un hombre, un árbol, una piedra) es tan importante como cualquier otro.

Lo que acabamos de presentar nos hace ver que el holismo es propio de un mundo colectivista, embebido de un sentimiento de pertenencia: uno sabe siempre que es miembro de una comunidad con cuya persistencia se siente íntimamente comprometido. Uno sabe que es miembro de una comunidad que vive en uno. Es así como se vive la experiencia de unidad de la vida propia con la vida toda del mundo-animal andino.

Otra característica de la cosmovisión andina es su inmanencia, esto es, que todo ocurre dentro del mundo-animal. El mundo andino no se proyecta al exterior y no existe algo que actúe sobre él desde fuera. Esto implica que en la cultura andina no exista lo sobrenatural ni «el más allá» ni lo trascendente. El mundo inmanente andino es el mundo de la sensibilidad: nada en él escapa a la percepción. Todo cuanto existe es patente. Todo cuanto existe es evidente. Hasta la «deidad» Viracocha es perceptible, es visible.

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Wanamey – Árbol de la Vida

Wanamey

Cuando después de la oscuridad se hizo la luz, con ella apreció la humanidad y los animales. Durante mucho tiempo vivieron en la inocencia, pero esto se transformó en promiscuidad generalizada de la humanidad, las guerras, asesinatos, abusos y los animales son cazados.

Se anuncia que un día habrá un gran incendio que arrasará la tierra y que sólo existía un modo de salvarse; escoger a una joven virgen para el sostén del Wanamey, waingnaro (loro) deposita la semilla en la vagina de la mujer del cual nace el árbol protector de todas las razas del mundo, mientras dure el incendio. Para subir al Wanamey los hombres escogen sus mujeres, primero a la hermana, quien no resiste al ser jalada, quedándose con el brazo de ella con el hombre quien la lanza al oriente; prueba con su madre y ocurre lo mismo; intenta con una joven que no es su pariente, sucede lo mismo; coge por el brazo a la hija de su tía, también se queda con parte de ella; entonces, desesperado decide probar con la hija su tío, por fin la joven sube al árbol, era la pareja adecuada para formar familia.

A partir de este hecho, todas las etnias suben distribuyéndose por las diferentes ramas, también los animales se parapetan del árbol. El sapito secse trepa con miles de bastones para una vez pasado el incendio, probara la solidez de la tierra. El fuego venía de las entrañas de la tierra hasta convertirse en un magma hirviente, así estuvieron muchísimos años y, de pronto aparecieron unos insectos picando a todos aquellos que no fueron buenos, cayendo muertos al fuego. Cuando el fuego apaciguaba, aparecieron bellas flores que cuando daban sus frutos salían aves hermosas como el pica flor y el tucán de pico grande.

Todos los animales que vemos ahora nacieron del Wanamey. Una vez enfriado casi por completo la tierra, el sapito comenzó a probar con cuanto llevó, casi todo se hundió por que la tierra aún estaba blanda, pasaron muchos años y cuando sólo quedaban pocos bastones, arroja y queda plantada casi por completo; pasa otro tiempo y prueba arrojando el penúltimo bastón la cual se introduce hasta la mitad. Suelta el último bastoncillo y se oye un sonido trang, muy agudo y sefe dice ¡ya se puede bajar a tierra!.

Así, todos somos hijos de Wanamey, estamos en la segunda generación humana, se cree que pronto habrá otro Wanamey.

gaia

Gaia

La Venganza de Gaia – Por James Lovelock

Nosotros deberíamos ser el corazón y la mente de la Tierra, no su perturbación. Entonces, seamos valientes y paremos de pensar solamente en los derechos y las necesidades de la Humanidad y asumamos que nosotros herimos a la Tierra y precisamos hacer las paces con Gaia.

James Lovelock es un renombrado científico ambiental, miembro de la Royal Society , del Reino Unido; en 1979, lanzó la hipótesis Gaia , según la cual el planeta se comporta como un organismo vivo; su nuevo libro, La Venganza de Gaia, salió en febrero en Gran Bretaña. Este artículo fue publicado originalmente por The Independent , de Londres:

Imaginen a una joven policía que se siente totalmente realizada en su vocación. Entonces, imagínenla teniendo que decirle a una familia cuyo hijo estaba desaparecido que él fue encontrado muerto, asesinado, en un bosque vecino.

O piensen en un joven médico que debe decirles que su biopsia reveló un tumor agresivo en metástasis.

Los médicos y los policías saben que muchos aceptan la verdad simple y horrenda con dignidad, pero muchos otros intentan en vano negarla.

Libramos a los jueces de la terrible responsabilidad de aplicar la pena de muerte, pero al menos ellos tenían algún consuelo en sus frecuentes justificativos morales.

Los médicos y los policías no tienen cómo escapar de su deber.

La Enfermedad de Gaia

Este artículo es el más difícil de los que ya escribí, y por las mismas razones. Mi teoría de Gaia dice que la Tierra se comporta como si estuviese viva, y cualquier cosa viva puede gozar de buena salud o enfermarse.

Gaia me convirtió en un médico planetario y yo tomo mi profesión en serio. Ahora, también debo traer las malas noticias.

Los centros de climatología diseminados por el mundo, que son los equivalentes de los laboratorios de patología de los hospitales, han relatado las condiciones físicas de la Tierra, y los climatólogos encuentran que ella está gravemente enferma, a punto de pasar a un estado de fiebre mórbida que puede durar hasta 100 mil años.

Y yo preciso decirles, como familiares de la Tierra y parte integrante de ella, que ustedes y la civilización en especial están en grave peligro.

Nuestro planeta se ha mantenido saludable y apto para la vida, así como un animal, durante más de 3.000 millones de años de su existencia. Fue mala suerte que nosotros hayamos comenzado a contaminarlo en una época donde el Sol está caliente en demasía.

Nosotros le causamos fiebre a Gaia y seguidamente su estado va a empeorar hacia algo parecido a un estado de coma. Ella ya estuvo así antes y se recuperó, pero eso tomó más de 100 mil años.

Nosotros somos los responsables y nosotros vamos a sufrir las consecuencias: durante el transcurso de este siglo, la temperatura subirá 8° C en las regiones templadas y 5° C en los trópicos.

Buena parte de las tierras tropicales se tornará arbustos espinosos y desierto, y no servirá más para la regulación del clima; eso se suma al 40% de la superficie terrestre que nosotros ya devastamos para producir nuestro alimento.

Curiosamente, la contaminación por aerosoles (partículas diminutas) en el hemisferio Norte reduce el calentamiento global al reflejar la radiación solar de vuelta al espacio.

Ese “apagamiento global” es transitorio y puede desaparecer en pocos días junto con el humo que lo carga, dejándonos expuestos al calor de la estufa global.

Estamos en un clima de locos, refrescado accidentalmente por el humo, y antes del final de este siglo millones de nosotros moriremos y las pocas parejas fértiles que sobrevivan estarán en el Ártico, donde el clima continuará tolerable.

Tarea Imposible

Al no percibir que la Tierra regula su clima y su composición, nosotros cometimos la burrada de intentar hacerlo nosotros mismos, actuando como si estuviésemos al comando.

Al hacer eso, nos condenamos a nosotros mismos al peor estado de esclavitud. Al elegir ser los guardianes de la Tierra, fuimos responsables por mantener la atmósfera, los océanos y la superficie terrestre aptos para la vida.

Una tarea que después hallaríamos imposible –y era algo que, antes de haber tratado a Gaia tan mal, ella hacía para nosotros.

Para entender cuán imposible es la tarea, piensen sobre cómo ustedes regularían su temperatura y la composición de su propia sangre.

Quien tiene problemas renales conoce la dificultad diaria inagotable de ajustar su ingestión de agua, sal y proteínas. La muleta tecnológica de la diálisis ayuda, pero no es un substituto de los riñones saludables.

Mi nuevo libro, La Venganza de Gaia , expande esas ideas, pero ustedes todavía pueden preguntar por qué la Ciencia demoró tanto para reconocer la verdadera naturaleza de la Tierra.

Pienso que es porque la visión de Darwin era tan buena y tan clara que demoró hasta ahora para que ella fuese digerida.

En la época de él, poco se sabía sobre la química de la atmósfera y de los océanos, y había poca razón para que él imaginase que los organismos modificaban su ambiente además de adaptarse a él.

Si en esa época se hubiese sabido que la vida y el ambiente están tan compenetrados, Darwin habría visto que la evolución no envuelve apenas a los organismos, sino a toda la superficie del planeta.

Entonces nosotros podríamos haber visualizado a la Tierra como un sistema vivo, habríamos sabido que no podemos contaminar el aire o usar la piel de la Tierra –sus océanos y sistemas forestales- como una mera fuente de productos para alimentarnos y amoblar nuestras casas.

Habríamos sentido instintivamente que esos ecosistemas deben ser mantenidos intocados porque ellos son parte de la Tierra viva.

Pasos a Seguir

Entonces, ¿qué hacer? Primero, precisamos tener presente la velocidad espantosa del cambio y darnos cuenta de cuan poco tiempo queda para actuar.

Entonces, cada comunidad y nación precisará usar de la mejor forma los recursos que tienen para sustentar la civilización lo máximo que puedan.

La civilización usa la energía intensamente, y no podemos desconectarla de forma abrupta; es preciso tener la seguridad de un aterrizaje amortizado.

Aquí, en las islas británicas, nosotros estamos acostumbrados a pensar en toda la Humanidad y no apenas en nosotros; el cambio ambiental es global, pero precisamos lidiar con las consecuencias de él aquí.

Infelizmente nuestra nación está tan urbanizada que se parece más a una gran ciudad y tenemos apenas una área pequeña de agricultura y bosques.

Dependemos del mundo del comercio para nuestro sustento; y el cambio climático nos negará abastecimientos constantes de comida y combustible del exterior.

Nosotros podríamos producir comida suficiente para alimentarnos según la dieta de la 2ª Guerra, pero la noción de que hay Tierras sobrando para plantar bio-combustibles o para alojar usinas eólicas es ridícula.

Pocos Sobrevivientes

Nosotros haremos lo posible para sobrevivir, pero infelizmente yo no consigo ver a los Estados Unidos o a las economías emergentes de China y de India retrocediendo en el tiempo –y ellas son las mayores fuentes de emisiones. Lo peor va a suceder, y los sobrevivientes se tendrán que adaptar a un clima infernal.

Tal vez lo más triste sea que Gaia perderá tanto o más que nosotros. No sólo la vida salvaje y ecosistemas enteros serán extintos, ocurre además que en la civilización humana el planeta tiene un recurso precioso.

No somos meramente una enfermedad; somos, por medio de nuestra inteligencia y comunicación, el sistema nervioso del planeta. A través de nosotros, Gaia se vio desde el espacio y comienza a descubrir su lugar en el Universo.

Nosotros deberíamos ser el corazón y la mente de la Tierra, no su perturbación. Entonces, seamos valientes y paremos de pensar solamente en los derechos y las necesidades de la Humanidad y asumamos que nosotros herimos a la Tierra y precisamos hacer las paces con Gaia.

Precisamos hacer eso mientras somos lo bastante fuertes para negociar, y no una horda corrupta liderada por brutales señores de la guerra. Encima de todo, precisamos recordar que somos parte de ella y que ella es de hecho nuestro hogar.

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Dr. Fernando Cabieses – Universidad Científica del Sur – Lima, Perú.

El viaje de Colón fue el detonante para desarrollar el contacto directo entre dos grandes sectores de la humanidad que habían permanecido totalmente separados durante varios miles de años. Durante ese largo período de indiferencia mutua, cada grupo humano desarrolló independientemente sistemas de adaptación, reacción inmunitaria, evolución patológica y reacción final o muerte ante diversos elementos patológicos (gérmenes, virus, enfermedades infecciosas, etc.) cuya reacción humana evolucionó en forma totalmente separada. De tal manera, que los individuos de cualquiera de los dos grupos presentaban características disímiles en su forma de cuidarse de las enfermedades que los habían acompañado durante todo ese largo periodo de separación.

Una enfermedad consiste en la reacción que un organismo vivo presenta ante la invasión de una sustancia patógena. El organismo se defiende creando anticuerpos especiales y sistemas reactivos que pueden traducirse en un proceso inmunitario que, cuando falla o es insuficiente, termina con la muerte del individuo. Tanto a los europeos, africanos y asiáticos como a los pueblos del Continente Americano, llegaron desde sus nuevos vecinos gérmenes que ya habían sido tolerados por un largo proceso de inmunización total o parcial en las áreas originales. Estos sistemas de defensa no existían en los grupos humanos que no habían sufrido, previamente, ninguna confrontación contra esos agentes patógenos. Hubo, por consiguiente, trágicas invasiones de nuevos actores dañinos en poblaciones, totalmente indefensas, que sufrieron el cruel impacto sin la menor protección. Los resultados fueron dramáticos, trágicos, destructivos de importantes civilizaciones en los grupos humanos recipientes y víctimas.

En un resumen de este muy amplio tema sería imposible relatar, en detalle, la guerra de vida o muerte entre los invasores y los invadidos, lo que, naturalmente, produjolas más terribles epidemias mortales que formaron parte del resultado ulterior del viaje de Colón.
El primer impacto sufrido por las poblaciones americanas se produjo precisamente en el Caribe donde se desarrolló una mortal epidemia de gripe o de influenza que en los primeros años diezmó a toda la población indígena. Ahora sabemos que ésto fue producido por el virus de la encefalitis porcina, traída por los españoles quienes obligaban a su propia tripulación y tropas y a todos los pueblos conquistados a comer carne de puerco para evitar que se infiltrasen ideologías anticristianas (Moises y Mahoma) provenientes de la raíz de Abraham que prohibió la carne de cerdo hasta estos días.

Los españoles invasores estaban relativamente adaptados a ese virus y la epidemia solamente produjo la destrucción en altísimo porcentaje de la población indígena. Un siglo más tarde, casi todos los nativos habían desaparecido como puede verse ahora si uno visita el Caribe y no encuentra población indígena la que fue reemplazada por una población africana que vino en el cruel tráfico esclavista. De inmediato, siguió una terrible epidemia que invadió el Caribe y México continuando la destrucción de la raza indígena con el virus de la viruela que produjo horrorosos y crueles estragos durante esta segunda batalla bacteriológica. Los africanos se unieron a los españoles para traer a América la mortal epidemia de Malaria que no había existido en la América Precolombina y que continuó diezmando a la población nativa.

En el Perú, la población del Imperio Inca sufrió una horrorosa destrucción al llegar los españoles enfermos de viruela durante el segundo viaje de Pizarro en 1,527. Cuando Pizarro llegó en su tercer viaje (1,532) prácticamente toda la nobleza dirigente del Tahuantinsuyo había muerto con la viruela. Entre ellos, el gran Inca Huayna Cápac y su principal heredero Ninan Cuyoche dejando en una anquilosante guerra fraticida y a sus dos hijos. Virus varioloso agregó cal y arena a la sepultura del mayor imperio del mundo conocido en esos tiempos.

Si bien muchos aceptan que España contribuyó a civilizar a los pueblos nativos del Perú, un chispazo de humor negro nos recuerda que el Perú contribuyó a sifilizar a España y a todo el mundo. La sifilis se expandió, en forma muy virulenta, entre los pueblos europeos y africanos que no tenían defensas que los protegieran para defenderse de tan cruel germen.

Siguió el intercambio. Vino también desde Chipre, a través de los soldados españoles, la imparable epidemia del tifus que, con el nombre de “modorra”, enfermó a muchos españoles pero mató a muchos indios aumentando en forma mágico-religiosa la presencia de nuevas enfermedades como castigo de Dios -decían los sacerdotes evangelizadores- por las características sobrevivientes de las idolatrías y supersticiones indígenas.

La fiebre amarilla fue otro de los crueles impactos que la invasión de europeos y africanos produjo en la población indígena. Este trágico enemigo, al igual que la malaria, vino acompañada de su mosquito transmisor que hizo el viaje van en las provisiones de agua que traían los bajeles españoles en su largo viaje intercontinental.

Podríamos seguir enumerando estos terribles intercambios patológicos que fueron el corolario inhumano del viaje de Colón y de los que lo siguieron. Afortunadamente, muchas de estas enfermedades importadas fueron prontamente controladas por la medicina indígena, un cuerpo de doctrina que siguió funcionando después de la invasión cristiana para controlar las terribles epidemias y fue precisamente la medicina peruana antigua la que, en el término de un siglo de muerte y depredación, logró controlar esta terrible enfermedad de la malaria mediante un árbol que todavía veneramos en nuestro Escudo Nacional y que fue también, a través de medicamentos naturales indígenas, como la quinina, el paico, el oje, la ipecacuana, y alrededor de 60 medicamentos naturales que invadieron la medicina Renacentista europea con la fuerza cultural de la medicina peruana que después, poco a poco, lentamente, ha sido siendo reemplazada por la alquimia evolucionada hacia la ciencia farmacéutica moderna.