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Crecimiento Personal - Espiritual Cusco - Mágico

El ayawuaska no es placer fugitivo, ventura o aventura sin semilla como para los wiracochas. El ayawuaska es una puerta, pero no para huir, sino para entrar
en éstas y otras naturalezas. La luz del ayawuaska no explica, no revela misterios. El ayawuaska riega la tierra desconocida y ésa es su manera de alumbrar. Y cuando se le llama con urgencia y con respeto, el ayawuaska es el costado de un cuchillo de piedra. Separa el cuerpo de su ánima. Si un ánima está enferma,
la divorcia de su materia dura,
niega el contagio, lo empala. Y si el cuerpo está enfermo, igual. Lo separa de su ánima
para que no la pudra. Y eso que parece ser nada, lo es todo. Hay dones, hay poderes, hay mandatos, hay raíces y jugos de raíces. Cortezas precisas para esto y aquello. Cómo y cuándo utilizarlos y prepararlos, eso es lo que sabe el ayawuaska. Y eso lo transfiere si así lo considera, si el cuerpo y el ánima lo merecen. Cuando se sabe llamar al ayawuaska Con urgencia y con respeto, no hay error, no hay milagro, ni antes ni después del ayawuaska. Hay lo que merecemos conocer, lo que merecemos ignorar. Todo es merecimiento. Cuando se sabe llamar al ayawuaska es fácil todo imposible. Porque hasta la ceniza se vuelve agua cuando un sediento la besa. |