Mi Viaje con la Madre Ayahuasca

Ya ni recuerdo exactamente cuándo empezó aquello, lo que sí recuerdo son los sentimientos que hubieron detrás de un ¡¡Quiero experimentar cómo se siente, qué se siente!!  Y un no amigo, lo siento pero no se trata de satisfacer una curiosidad, cuando sientas que realmente lo necesitas, estará allí

De aquello habrá pasado algo más de diez años, diez años en los que, sin embargo, no faltaron oportunidades para “experimentar” pero siempre acompañadas con un… no amigo, lo siento pero no se trata de satisfacer una curiosidad, cuando sientas que realmente lo necesitas, estará allí

Finalmente se dio la oportunidad, perdón, aclaro y resalto, la necesidad. No recordaba desde cuándo el sentimiento de haberme extraviado; solo sentía que me hallaba en  medio de nada, con un camino incierto; no recuerdo cómo sucedió ni en qué momento, solo había vacío y algo feo, muy feo dentro mío: un nudo que expulsaba en momentos angustia, en momentos tristeza, en momentos rabia, mucha inseguridad. Sentí entonces la necesidad.

Debo reconocer que llegado el momento de embarcarme volvieron a mí temores que, igualmente, durante 10 años me habían acompañado: ¿Y si pierdo los papeles? ¿Y si hago algo que luego acumulará una experiencia más a mi currículo vital, que llenará de sonrojo no solo mi rostro sino y sobre todo mi memoria y mi conciencia? ¿Y si…? ¿Y…? Sin embargo, la necesidad de enfrentar a ese espacio vacío e incierto, a esos sentimientos que en momentos me ahogaban, felizmente me ayudaron a seguir el camino y finalmente embarcarme en un viaje ahora necesario y urgente.

Amigo, hermano: Nunca imaginé que estarías tan cerca de mí, mucho menos que me acompañarías bailando aquella danza de los ancestros, recuerdo que tras ello me sentí seguro, seguro como en aquel vientre maternal de donde todos debimos salir.

¿Que si fue un viaje de reencuentro conmigo? Lo fue, pero no fue un reencuentro con la memoria, para mí, fue más bien, un viaje de descubrimientos, un viaje de sorpresas. Un viaje de encuentros sí, porque ellos sabían de mí, yo no.

Reí, sonreí, entristecí, hasta lloré. Descubrí el dolor por el terruño abandonado, los seres perdidos, por los duelos negados.

Descubrí por ejemplo que:

Cada vez que pensaba en tu partida, no le daba más de diez pesos, y descubro que el nudo no necesariamente está en mi mezquina oferta a tu ausencia, sino en que me negaba a reconocer los intereses generados por el millón de pesos que tú habías depositado en aquel romance iniciado en una discoteca repleta de cachimbos y ex cachimbos.

Madre Ayahuasca; ahora que escribo estas líneas pienso en lo difícil que es despojarse de todo aquello que es necesario despojarse;  y en el camino que me señalaste: abrazar, lo que es importante y necesario abrazar. Ahora que escribo estas líneas  descubro que el viaje, en realidad, recién inicia; hay que volver a sentir, hay que despejar el camino y retomar el andar. Te pido por favor que no me quites los brazos ni la mirada.

Joel Jahuanchi, gracias porque a pesar de los años siempre mantuvieron viva la llama de mi oportunidad. Gracias por aceptar mis tiempos y los tiempos de la madre ayahuasca, gracias por darme la oportunidad de volver a sentir.

Hernan Sullca – Historiador.

Cusco – Perú.

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