Mi Primera Experiencia con Ayahuasca

La ceremonia de Ayahuasca comenzó a las 12:30 del medio día. Éramos once hombres y once mujeres, y la noche daría comienzo a la Luna Llena. La Ayahuasca era espesa y amarga, por lo que se hacía difícil poder tragarla y hacerla atravesar completamente por la garganta. El reto fue el comienzo, pues no quería vomitar tan rápido la medicina. Respirando solamente por la nariz, inhalando y exhalando corto, pude aguantar las ganas de vomitar.

El primer efecto de la Ayahuasca fue luego de aproximadamente 30 minutos, cuando desperté, abrí mis ojos y me encontré perdido en el cuarto de la ceremonia. No sabía dónde estaba, ni qué hacía, ni quienes eran las personas que me rodeaban. Traté de recordar, y lo primero que vino a mi mente fue el día que conocí acerca de la Ayahuasca, luego recordé a José Curbelo (compañero) contándome sobre su experiencia, cuando pregunté por algúncontacto y me refirieron a Muni (guía espiritual), cuando le propuse la invitación a Estefania Martínez (amiga), y cuando confirmé mi participación. Aun así, no sabía qué era Ayahuasca, mucho menos qué tenía que ver eso con el cuarto lleno de personas desconocidas. Fue cuando vi las botellas que recordé que la Ayahuasca era una bebida, yque todos en aquel cuarto la habíamos ingerido. Desde ese momento pensé que todosestábamos muertos por haber bebido Ayahuasca. Al pensar que había muerto, comencé a pensar cuanto estaría sufriendo mi familia. Recordé el momento antes de irme de casa para ir a la ceremonia, y vi a mi madre llorando en el sofá de la sala. Visualicé la casa en Caimito, de ella principalmente las escaleras que llevan al trailer. En las escaleras vi a Bryan (mi sobrino), Natalie (mi hermana), y a mi madre, pero no podía reconocerles, olvidé por completo quienes eran. Luego llega Edgardo del trabajo (mi padrastro), pero tampoco lo reconocía. Podía pronunciar sus nombres y recordarlos por un corto tiempo, pero no entendía quienes eran, qué hacían en mi hogar, ni qué significaban para mi. De igual manera visualicé el balcón de la casa de mi abuela, y la vi a ella y a mi padre, pero todo comenzó a distorsionarse a propósito, como si algo quisiera apartarme de ellos. Lo percibí como la necesidad del alma a ser libre del apego

sentimental y familiar. De igual manera olvidé quienes eran mis amigos. Recordé nuestro último encuentro, jugando dómino, pero ellos eran insignificantes para mi. Desde ese entonces me rendí y me perdí entre las piezas de dómino, comenzando un viaje a través delos círculos.

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