Por Elizabeth Pecere
La respiración es la más trascendental de nuestras funciones, porque si no respiramos no podremos vivir más allá de unos cuantos minutos. Sin embargo, la mayor parte de los hombres no saben gran cosa de los efectos de la respiración sobre nuestro organismo y sobre nuestra mente. Y todavía es mucho menos lo que conocemos respecto al papel que desempeña en la evolución del espíritu que late dentro de nosotros. Nuestra sangre y todo nuestro organismo está compuesto de millones y millones de células microscópicas, que se alimentan del oxígeno con que cargamos la corriente sanguínea en virtud de la respiración. Si no le proporcionamos el oxígeno que necesitan, se ablandan, se cansan y se mueren. La consecuencia es que el cuerpo humano empieza a perder su juventud y su vitalidad. El oxígeno es esencial además para el funcionamiento perfecto de cada uno de nuestros órganos internos, de los cuales el que más lo necesita es el cerebro, hasta el extremo de que él solo exige tres veces la cantidad de oxígeno que consume el resto del cuerpo. Cuándo la cantidad de oxígeno que se inhala es insuficiente se trastorna la función de los órganos, se precipita el proceso de vejez y la consecuencia es la debilidad o la salud precaria del cuerpo y del alma.
Para saber el modo de regular la respiración, lo primero que hay que saber es cómo inspirar y expirar el aire durante la respiración. Debe comprender que los propios pulmones no pueden introducir y expeler el aire. Para que llegue el aire a los pulmones y luego sea expulsado, los músculos que rodean los pulmones y el diafragma deben expandirse y contraerse, succionando el aire al interior y forzándolo a salir de la cavidad torácica. Mientras se realiza este proceso, el oxígeno se mezcla con la sangre en las vesículas pulmonares y la sangre libera el dióxido de carbono que transporta. Cuando el diafragma se desplaza arriba y abajo durante la respiración, proporciona un masaje a los órganos internos y aumenta la circulación de Chi,(energía)
Una vez que el oxígeno se ha mezclado con la sangre, es transportado a cada una de las células del organismo para mantenerlas en funcionamiento. En general, cuando hay escasez de oxígeno, el cerebro es el primero que acusa. Según los experimentos realizados, el oxígeno necesario para las células cerebrales es muchas veces mayor del que necesitan las células musculares. Cada vez que se da una insuficiencia de oxígeno nos sentimos mareados, pesados e incapaces de pensar con claridad.
Normalmente, tras el nacimiento, el bebé conserva el hábito de respirar desde el bajo abdomen. La inspiración suele ser más prolongada que la expiración.Ya que un niño inspira gran cantidad de oxígeno, su mente suele estar más despejada que la de un adulto. Con el paso de los años, su respiración se hace más superficial y por lo general, tiene lugar en las proximidades del estómago en vez de en el bajo abdomen. Todavía la persona tiene bastante oxígeno para abastecer el cuerpo y el diafragma todavía se desplaza arriba y debajo de manera activa.A medida que se va envejeciendo, la respiración se va haciendo progresivamente más superficial porque la persona confía en el movimiento del pecho para respirar. La expiración es más prolongada que la respiración y el suministro de oxígeno es insuficiente.La persona empieza a perder la memoria, capacidad de pensar y lucidez mental. El diafragma ya no se desplaza de arriba hacia abajo. Ni proporciona masaje a los órganos internos. El Chi (energía) queda retenido y los órganos sufren desgaste. El desgaste de las células corporales se acelera debido a la falta de oxígeno.
Demás esta decir que el primer paso en la conservación de la salud consiste en aumentar el suministro de oxígeno.
Muchas patologías digestivas, cardiovasculares, pueden ser revertidas con la práctica y reeducación respiratoria. Además de aumentar la inmunidad, favorecer nuestra capacidad intelectual, y mejorar el rendimiento físico en cualquier práctica deportiva.
Etiquetas:crecimiento espiritual, Respiración
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