Las religiones primitivas se desarrollan en mitos más que en escrituras y credos

Continuamente me toca conversar con pacientes, que al abordar el tema , confiesan sentirse alejados o bloqueados. El principal argumento esgrimido tiene que ver con la desconfianza e incluso el rechazo que les provocan las tradicionales.

Ante esto, trato de explicarles que un asunto son las iglesias y otro diferente la conexión que pueda tener cada uno con lo divino. Especial énfasis doy a la importancia que tiene en la vida de todos sentirse vinculados al mundo de lo invisible. Y en ese sentido los pueblos llamados “primitivos” tienen mucho que enseñarnos.

Muchas personas cuando oyen hablar de religiones primitivas asocian éstas a brujería, talismanes, fetichismo o conjuros, incluso hay algunos que creen que los pueblos tribales no tienen religión alguna. Pero la verdad es que la mayoría de ellos son mucho más religiosos que los occidentales modernos.

Y es que los pueblos Indígenas se encuentran comprometidos con los dioses o fuerzas en que ellos creen, rindiéndoles culto y entregándoles ofrendas para mantenerse en una relación armónica con las fuerzas del más allá.

Algunos autores usan la palabra “primitivo” para designar las religiones que son anteriores a las que llamamos religiones “universales”. Estas últimas comprenden por ejemplo, el cristianismo y las grandes religiones asiáticas, que tienen normalmente escritura y se consideran como abiertas a todos los pueblos.

La religión primitiva es la religión de una tribu o pueblo que cuenta con sus dioses y sistemas propios.

Es interesante constatar como una persona “moderna” puede recuperar la fe o la creencia en algo superior, al ponerse en contacto con estas raíces. A mi como a tantos otros nos ocurrió que al ser testigo de la autenticidad y fuerza de estos seres, hemos encontrado nuevos caminos hacia Dios.

Dios Supremo, Dios del Cielo

Es básico para las religiones primitivas la creencia en un mundo de poderes o seres espirituales mucho más fuertes que el ser humano. Este poder se concibe como la presencia de cierto tipo de espíritus que moran en una persona otorgándole ciertas capacidades especiales, y cuyas fuerzas determinan las cualidades especiales de un ser humano.

Algunas de estas religiones primitivas veneran estos poderes espirituales como dioses, los que a su vez gobiernan áreas de la vida humana como la casa, la agricultura, la salud, o la metalurgia.

Pero no por esto las religiones primitivas dejan de tener en su panteón un único o supremo Dios por encima de todos los demás poderes. Este Dios Supremo o Dios del Cielo puede incluso no tener templos, sacerdotes, un culto organizado o sacrificios y por eso pasa fácilmente inadvertido para los extraños.

Además, la mayoría de los pueblos tribales consideran que los espíritus de sus muertos siguen viviendo en otra dimensión. Teoría que confirma el estudio de los sueños, en el que toda clase de personas, sueñan de manera natural y vívida con aquellos que ya no están entre nosotros, quienes por lo general traen señales iluminadoras desde la otra dimensión.
Esto prueba que los espíritus familiares siguen relacionándose con nosotros desde el más allá. Por eso es recomendable honrar a los espíritus ancestrales para contar con su protección y guía, confiando que aceptan nuestras oraciones y que las transmiten a poderes superiores.

Mitología, ritos y ofrendas

Las religiones primitivas se desarrollan en mitos más que en escrituras y credos. Los mitos no son simples cuentos, sino elaboradas historias que contienen el conocimiento de los poderes espirituales de un pueblo. En ellos podemos encontrar una honda comprensión de la y de los problemas humanos fundamentales.

Los ritos, por su parte, son el medio de comunicación entre los dos mundos. Podemos hacer nuestros propios ritos, ayudándonos con un incienso, alguna música que nos haga entrar en un estado especial, velas, fotos de nuestros antepasados o amigos que ya no están, baile, meditación y oración.

Así podemos ir abriéndonos a este mundo invisible que tanto tiene para aportarnos, especialmente en estos tiempos agitados que vivimos.

Las oraciones y ofrendas a los Dioses son lo más destacado de los ritos. También las acciones de ayuda al prójimo son consideradas ofrendas. Lo que importa es hacerlas de manera sentida y profunda.

Aunque la mayor parte de las veces pidamos prosperidad, bendiciones materiales y salud, es bueno siempre dedicar una parte del rito para pedir por la paz mundial y por aquellos más necesitados, de esta manera estamos haciendo que la energía circule y beneficie a todos.

Muchas religiones primitivas, como la afro-brasileña, cuentan con sistemas bien definidos en que se detallan las ofrendas que se ha de compartir con el Dios en un banquete de comunión.

El chamán

Para realizar toda clase de actividad religiosa la mayoría de las religiones primitivas cuentan con un especialista, normalmente llamado chamán. Él es quien asume las actividades de sacerdote, médium, adivino, curandero y herborista.

Personalmente, tuve en suerte conocer al chamán amazónico Alejandro Jahuanchi, quién compartió conmigo durante años sus conocimientos sobre los espíritus de la naturaleza y del cosmos. Fui bautizado por él con el nombre de “Wannpiriba” que en lenguaje amazónico significa “el que quita el dolor con las manos”, esto por mi trabajo de masaje terapéutico.

Con él aprendí que hay seres en permanente contacto con la naturaleza y con poderes misteriosos, y su presencia me hizo mucho más sensible al mundo espiritual. Para conocer de primera fuente el mensaje de un auténtico chamán nativo, les recomiendo visiten la página: del Grupo Wanamey

Aunque muchas religiones primitivas han desaparecido bajo la presión moderna de las áreas desarrolladas del mundo, otras han persistido tenazmente y se han adaptado al cambio.

Nunca y bajo ningún concepto debemos considerarlas como religiones infantiles de pueblos salvajes o como las travesuras ingeniosas de tribus dominadas por hechiceros. Son intentos serios de pueblos adultos para crear y mantener un sistema espiritual capaz de ofrecer un apoyo tanto en la vida como la muerte.

Autor: Eduardo Labra – Santioago de Chile – www.treboldelasuerte.cl

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